15 de abril de 2015

Donde se bifurcan los senderos | Where the paths bifurcate


Yo espero a Dios con gula. Soy de raza inferior por toda la eternidad. |I long for God with gluttony. I belong to an inferior race for all eternity.
Rimbaud




Diagrama de eternidad | Diagram of eternity
Foto y diseño: Eternidad | Photo and design: Eternity




La revolución espiritual es la destrucción del falso ser interior y el concepto del ser es el más oscuro. En este sentido, la noche más oscura del alma precede a la luz en la plenitud de su claridad. | Spiritual revolution is the destruction of the false being within and the concept of being is the darkest one. From this standpoint, the darkest night of the soul comes before light in its absolute clarity. 

«Antes que el amor, el dinero, la fe, la fama y la justicia, dadme la verdad. | Rather than love, than money, than faith, than fame, than fairness, give me truth.»

(Thoreau)


El escudo azul de Diablos Azules, Literatura y Otros Fuegos, representa la coraza impenetrable frente a la crueldad del mundo concebido como escenario donde interpretamos la vida detrás de una careta social -escondemos nuestra verdadera personalidad y esencia, ensayamos la vida y huimos de nosotros mismos aterrorizados de encontrarnos con la verdad y la eterna soledad. La vida es esa farsa que todos debemos interpretar (Rimbaud). | The blue emblem of Blue Devils, Literature and Other Flames, represent the impassable shield towards the world cruelty conceived as scenario where we perform life behind a social mask -we hide our true personality and essence, we rehearse life and scape from ourselves, terrified to find truth and eternal solitude. Life is a farce everyone has to perform (Rimbaud).

Donde se bifurcan los senderos es el estadio taxativo respecto de la brújula y el norte que se han elegido en la vida, generalmente encaminados hacia las variables expuestas en el diagrama de eternidad: Amor humano, dinero, fe religiosa, fama, justicia humana. | Where paths bifurcate is the decisive stage regarding the compass and north chosen in our lives, generally heading the displayed variables in eternity diagram: Human love, money, religious faith, fame, human justice.

Si el amor no existe y debe ser reinventado, lo adjetivamos como humano: miedo a la soledad, egoísmo, apego por comodidad, complacencia, lascivia. El amor aguarda ser develado en los océanos florecientes de la libertad. | If love doesn't exist and must be reinvented, we name it as human: fear to loneliness, selfishness, attatchment based on convenience, gratification, lust. Love awaits to be unvelied in the flourishing oceans of freedom.

El dinero representa el eje de dominación y explotación del ser humano insertado en la sociedad como herramienta fértil. Es el símbolo de la esclavitud universal. Cuando la preocupación por el dinero desaparece, la develación del verdadero ser es posible. El dinero te hace cauto, ocasiona que te preocupes por las cosas equivocadas. Money represents the axis of domination and exploitation of humans conceived as fertile tools inserted in society. Money is the universal symbol of slavery. When concerns about money dissapear, the exposure of the true being is possible. Money makes you cautious, makes you worry about the wrong things.

Para blandir una aproximación coherente sobre la naturaleza de la fe, extirpamos nociones religiosas. Si Jesús de Nazareth está contemplado como figura mítica, histórica, literaria -y subyacentes- más controversial de la historia, diremos que instituciones religiosas se basan en el misterio de la Cruz para ejercer una hegemonía ideológica basada en el terror. Todos los días es el fin del mundo. Al adjetivar la fe como religiosa se devela la existencia de la fe verdadera. | To brandish coherent approaches on the nature of faith, we remove religious concepts. If Jesus Christ is envisioned as most controversial, mythical, historical, literary -and underlying- figure in history, we shall say that religious organizations rely on the mystery of the Cross to exert worldwide hegemony based on fear. Everyday is the end of the world. When we appoint faith as human, the existence of true faith emerges.

Entendemos la fama como notoriedad, reconocimiento, "Opinión que la gente tiene de la excelencia de alguien en su profesión o arte" (DRAE). La fama está fundamentada en rigurosa necesidad de aprobación, la cual desemboca en la construcción de un falso ser (a la medida de los otros). Está alejado de los océanos insondables de su alma. Ha sido arrojado al mundo y elige complacer al mundo. ¿Cómo podrá ser? Sin pretensiones de fama se develan caminos no transitados; mirarse de frente al espejo y darse de cara con el vacío. El espejo verdadero es el que se asoma para revelar la imagen con el fuego eterno del verbo. | We understand fame as notoriety, recognition. "Opinion of people towards someone's excelence in his or her occupation or art" (DRAE). Fame is founded on severe need of approval, which leads to the construction of a false being (according to others). It is remote from the unfahtomable oceans of his/her soul. The being was thrown at the world and chooses to please the world. How can it be? Without fame aspiration unknown paths are unmasked; to look at the self in front of the mirror and crash against emptiness. The true mirror leans out to reveal the image with the eternal fire of verb. 

Para Platón, la justicia era ante todo rectitud. Es decir, un orden ideal en armonía con la naturaleza; atributo de la perfección, belleza de los actos justos y precisos. En este siglo no se puede hablar de justicia sin aludir la intensidad de las formas del tribunal, cuyos mecanismos funcionan para estar en armonía con el dinero. Al adjetivarla como humana se pone de manifiesto la existencia de una justicia desconocida. | To Plato, justice was, overall, uprightness. It means, an ideal order in harmony with nature; attribute of perfection, beauty of the just and precise acts. In this century, we cannot talk about justice without referring to the intensity of the court forms, whose mechanisms work to be in harmony with money. By naming justice as human, the existence of an unknown justice is evident.

La verdad se hiende a sí misma, inasible e inextricable. Habita la eternidad. | Truth crosses itself, inextricable and elusive. Inhabits eternity.

«Ordena la segunda eternidad: la coronada por las tres diversas pero inextricables personas. |
Commands the second eternity: the one crowned by the three diverse but inextricable persons.»

(Borges)

La eternidad traspasa lo desconocido indeterminado. | Eternity runs through the undetermined unknown.


Karina Bocanegra
Abril, 2015




Referencias Bibliográficas | References:

Borges, J. (1974). Ficciones. Alianza Editorial: Madrid.
Borges, J. (1936). Historia de la Eternidad. Penguin Random House: España.
Heidegger, M. (1927). Ser y Tiempo. Versión digital de www.philosophia.cl.
Krakauer, J. (2008). Hacia Rutas Salvajes. Ediciones B, S. A.: Barcelona
La Biblia. (1989). Editorial San Pablo: Madrid. Editorial Verbo Divino: Navarra.
Platón. (1984). Diálogos. Editorial EDAF: Madrid.
Rimbaud, A. (1873). Una Temporada en el Infierno. Versión digital de www.biblioteca.org.
Thoreau, H. (1854). Walden o la vida en los bosques. Versión digital de www.forocomunista.com.

16 de febrero de 2015

Hermann Hesse, Lobo en Luna Esteparia



Hermann Hesse 




Hermann Hesse nace el 2 de julio de 1877 como segundo hijo de Johannes Hesse y de su esposa Marie, de soltera Gundert, en Calw/Selva Negra. La familia paterna es de origen báltico alemán, y la materna es suavo-suiza. Hesse asiste primero a la Escuela de Latín de Calw y en 1891 ingresa en el seminario evangélico teológico del Monasterio de Maulbronn, del que escapa al cabo de pocos meses. Tras un aprendizaje como mecánico en la fábrica de relojes de torre Perrot en Calw, aprende el oficio de librero en Tubingia y Basilea y publica sus primeras obras propias (poemas y prosa). Desde Basilea realiza dos viajes a Italia. En 1904, después de su primer gran éxito (Peter Camenzind), se casa con María Bernoulli y se traslada a Gaienhofen, junto al lago de Costanza. En este lugar rural y apartado nacen sus tres hijos. En 1911 realiza un viaje a Asia Oriental. A partir de 1912 Hesse vive en Berna. En 1919 se publica su famosa novela Demian. Ese mismo año, sin la familia, se traslada a Montagnola (Tessin). Se divorcia su primer matrimonio y en 1923 Hesse se casa con Ruth Wenger. Su obra más famosa, El lobo estepario, se publica en 1927 coincidiendo con su 50 cumpleaños. Hesse se casa por tercera vez en 1931 con Ninon Dolbin, de soltera Ausländer. Desde 1924 Hesse tiene la ciudadanía suiza, y durante la Segunda Guerra Mundial se publica su obra programática: El juego de abalorios (1943). En 1946 Hermann Hesse es honrado con el Premio Nobel de Literatura. Fallece el 9 de agosto de 1962 en Montagnola.

Familia 

"Para contar mi historia debo remontarme muy atrás. Si me fuera posible, tendría que ir aún más atrás, hasta los primeros años de mi niñez y más allá de ellos, al remoto pasado de mis orígenes." Con estas palabras empieza Hermann Hesse su "Demian". No sólo se aplican al personaje de su novela, sino también a sí mismo. La obra poética de Hermann Hesse está impregnada por la búsqueda de una identidad propia y la lucha que ello supone. Apenas se puede entender al poeta Hesse sin conocer su procedencia y sus raíces familiares, que le marcaron y a las que vuelve una y otra vez. La misión de Basilea reunió en Calw a los familiares suabos (Gundert) y bálticos (Hesse). El mundo en el que creció Hesse respiraba estrechez y amplitud al mismo tiempo: por un lado estaba la recta severidad del pietismo de su ciudad natal, así como de su casa paterna, y por otro la mundanidad y la alta formación de sus padres y abuelos. En él influyeron mucho sobre todo sus dos abuelos, cuyos nombres lleva.

Crisis en su vida

Hermann Hesse está considerado como "autor de la crisis", como un poeta que se sometió por escrito al doloroso autoanálisis, siempre en busca de su auténtica y propia identidad. La casa paterna y la educación marcaron por igual tanto su personalidad como también su obra poética. Dos veces en su vida se agudiza dramáticamente el estado psíquico de Hesse. Tras la huida del seminario monacal en Maulbronn, en 1892, cuando contaba 15 años, sus padres le llevan a Bad Boll al centro de Christoph Blumhardt, un teólogo amigo. En ese hospital privado Hesse llevó a cabo un intento de suicidio, ante lo cual, al cabo de sólo 14 días, Blumhardt recomendó el traslado a un manicomio del poseído por la "maldad y el satanismo". Luego los padres le ingresaron en el centro de salud y cuidados de Stetten, donde permaneció cuatro meses. Diagnóstico según la ficha de enfermo: melancolía. Hesse conseguía comportarse bien exteriormente, pero por dentro estaba descontento con su destino y escribía a casa cartas acusadoras. En octubre de 1892, Hesse fue dado de alta del centro psiquiátrico de Stetten y los padres consiguieron que el hijo ingresara en el liceo de Cannstatt, que abandonó al cabo de un año. Una segunda crisis grave en su vida se produjo por la Primera Guerra Mundial, que provocó graves tormentas espirituales en el sensible Hesse. Una enfermedad grave de su hijo más joven, la muerte de su padre en 1916, la Primera Guerra Mundial, una crisis matrimonial y la enfermedad psíquica de su esposa Mia empujaron a profundas depresiones al poeta, que ya entonces era popular. Su estado de salud estaba tan maltrecho que tuvo que interrumpir su trabajo de atención a los prisioneros de guerra para someterse a una cura de baños, sin éxito, y después a tratamiento psicoanalítico en la clínica privada Sonnmatt de Lucerna. Celebró 72 consultas con el Dr. Josef Bernhard Lang, un colaborador de C. G. Jung, en las que logró salir de su entumecimiento y superar hasta cierto punto la crisis. El encuentro con el psicoanálisis, que le ayudó a enfrentarse a los conflictos de sus años de juventud, se convirtió en un importante punto de inflexión en la vida de Hesse. En cuanto a la poesía, el periodo del cambio y el nuevo comienzo se refleja en Demian (1919), como un intento de explicarse a sí mismo. En Demian también se reproducen las charlas terapéuticas con el Dr. Lang (que en la novela se llama Pistorius): "Todo, incluso lo más banal, chocaba dentro de mí en el mismo punto con un mazazo silencioso y continuo. Todas las sesiones ayudaban a raspar pieles de mí, a romper cáscaras de huevo, y después de cada una la cabeza se alzaba un poco más, algo más libre, hasta que mi pájaro amarillo eclosionaba como un hermoso pájaro con cabeza de depredador saliendo de la destruida cáscara del mundo."



Demian, Siddharta, El lobo estepario, obras inmortales de Hermann Hesse


Viaje a la India

El 6 de septiembre del año 1911 Hermann Hesse, en compañía de su amigo el pintor Hans Sturzenegger, sube en Génova al "Prinz Eitel Friedrich" para viajar a India, el país en el que trabajaron su padre y su madre en el servicio de misiones. Pero, en realidad, eso no se convierte en un viaje a India, sino en un viaje a Indonesia: Penang, Singapur, Sumatra, Borneo y Burma. El subcontinente apenas bordea el trayecto del viaje, que duró tres meses: el barco atraca en Ceilán, donde Hesse baja a tierra, visita el santuario budista de Kandy y escala la montaña más alta, pero no consigue realizar el proyecto de ver las costas de Malabar. El viaje instructivo por el Lejano Oriente se realiza en una época de nueva orientación: en su familia, en Gaienhofen, acababa de nacer Martin, su tercer hijo, pero Hesse se siente cada vez más ajeno y a disgusto, cada vez son más claros los deseos de marcharse y de irse de viaje. Sueña con la vida de soltero. Pero el viaje a India se convierte en una decepción. No encuentra la imagen de la India marcada por los relatos de su abuelo Hermann Gundert. Incluso le asquea la realidad, el calor, la suciedad, el colonialismo de las relaciones sociales y también la esencia devota de los malayos. Sólo los chinos suscitan su respeto. El viaje se refleja por primera vez en el libro Aus Indien ("De la India"), publicado en 1913. Años después, Hesse reconoce que en Asia Oriental no consiguió encontrarse con India ni vivió ninguna liberación interior. Hesse escribió en una carta en 1919: "Desde hace muchos años estoy convencido de que el espíritu europeo está en declive y necesita volver a sus fuentes asiáticas. Durante años he honrado a Buda y he leído literatura india desde mi más temprana juventud. Después me acerqué a Lao Tse y a los demás chinos. El viaje a India fue tan sólo un pequeño complemento e ilustración de estas ideas y estudios." El fruto propiamente dicho de este viaje fue para Hesse el libro Siddhartha, publicado en 1922.







Religión

La vida y la obra poética de Hermann Hesse están marcadas por un continuo enfrentamiento con las cuestiones de la religión y la fe, que prácticamente se le impusieron desde la cuna. Nació en una familia de orientación protestante pietista compuesta por misioneros, predicadores y teólogos, contra cuya rigidez y severidad se rebeló muy pronto. El intento de su padre por romper su cabezonería a través de la educación religiosa hizo que se alejase cada vez más del cristianismo. Junto al espíritu incondicionalmente pietista, en la pía casa paterna de Hesse también había otras influencias religiosas: gracias a la actividad del padre y el abuelo como misioneros en India, muy pronto entró en contacto con el hinduismo y el budismo, y más tarde se añadió el estudio del taoísmo chino. Pero este camino ya no condujo a un alejamiento del cristianismo, sino todo lo contrario: al ocuparse durante toda la vida del fenómeno religioso, desarrolló la idea de una síntesis de las religiones sobre la base de una mística universal. Buscó la unidad de todos los seres humanos, un puente de unión entre Oriente y Occidente. Siddhartha, y naturalmente DasGlasperlenspiel ("El juego de abalorios"), la obra de su vejez, son el testimonio literario de esta búsqueda de un dios durante toda una vida. Hesse creía en "una religión fuera, entre y sobre las confesiones, que es indestructible". Pero siempre fue escéptico frente a los dogmas y las teorías. Escribió: "Creo que una religión es tan buena como cualquier otra. No hay ninguna en la que no se pueda convertir uno en un sabio, y ninguna en la que no se pueda cometer el más estúpido fetichismo."

Política

Hermann Hesse se consideraba poeta y no político. Sin embargo, en 1912 abandonó la Alemania del emperador de altos vuelos y "monarca de teatro" Guillermo II como "primer emigrante voluntario". Después de la Primera Guerra Mundial hubo ofertas para que aceptase un cargo político - por ejemplo en el gobierno bávaro de la república de diputados -, pero Hesse siempre lo rechazó. "He fracasado en el intento de dedicar amor a las cuestiones políticas", escribió en una carta en 1917. Como fundamento de su reserva ante los cargos políticos alegó en una ocasión: "No me interesa nada de lo político, de lo contrario hace mucho que sería revolucionario. No tengo otra pretensión que la de actuar conmigo mismo y con las cuestiones puramente intelectuales." Pero esto no significa que Hesse haya sido apolítico. Hesse fue un defensor de la paz y un poeta de la humanidad. "Pero la humanidad y la política", rezan sus palabras ya muy citadas, "en el fondo siempre se excluyen. Ambas son necesarias, pero es casi imposible servir a ambas a la vez. La política exige un partido, la humanidad prohibe el partido." Al comenzar la Primera Guerra Mundial, Hesse era uno de los pocos intelectuales alemanes que no participaron en el entusiasmo general por la guerra. Desde 1914 hasta 1918 publicó dos docenas de artículos críticos con la guerra en periódicos de habla alemana. A partir de 1915 construyó en Berna una central para la atención al prisionero de guerra. Criticó pronto al nacionalsocialismo. Sus libros no estuvieron prohibidos en el Tercer Reich, pero se consideraban no gratos. Das Glasperlenspiel ("El juego de abalorios") sólo pudo publicarse al principio en Suiza. Muchos emigrantes políticos del Tercer Reich, entre ellos Thomas Mann, encontraron asilo con Hesse, y muchos en estado de necesidad hallaron en él apoyo financiero.




Premio Nóbel

Un año después de que acabase la Segunda Guerra Mundial se le otorga a Hermann Hesse el Premio Nobel de Literatura. Pero el escritor, que entonces contaba 69 años y que siempre odió el jaleo en torno a su persona, no asiste a la ceremonia de entrega el 10 de noviembre de 1946, onomástica de Alfred Nobel. Hace que en Estocolmo lean una declaración de apenas dos páginas y disculpa su ausencia por su mal estado de salud y la destrucción de la obra de su vida en Alemania desde 1933. De hecho, en la época en la que le concedieron el premio Hesse se había retirado al oeste de Suiza para pasar una estancia de cuatro meses en un balneario. Pero se sentía muy unido a la idea de la fundación Nobel de no servir a la guerra y a la destrucción, sino a la paz y a la reconciliación. El premio que le concedieron lo considera Hermann Hesse "un reconocimiento del idioma alemán y de la aportación alemana a la cultura". En una carta escrita a su mujer Ninon, Hesse se expresa con menos finura: "Que el diablo se lleve ese maldito asunto." Teme la oleada prevista de telegramas y cartas. A su amigo y pintor Gunter Böhmer le escribe: "Hoy hay jarana en Estocolmo, la ceremonia en memoria de Nobel en gran gala, después un banquete, donde también se leerán unas palabras mías." El premio Nobel también se lo debió Hesse a su amigo Thomas Mann. Como premio Nobel del año 1929, durante años defendió a su paisano en la Academia. Es indudable que el otorgamiento del premio al cabo de tan poco tiempo de terminar la guerra tiene también un trasfondo político. Tras el desmoronamiento del nacionalsocialismo, donde Hesse estaba considerado un traidor a la patria y apenas podía ser editado, al mundo había que mostrarle un representante sin cargas y moralmente creíble del espíritu alemán y la cultura alemana.




Breve Autobiografía

Nací hacia finales de la Edad Moderna, poco antes del incipiente retorno del Medioevo, bajo el signo de Sagitario y amablemente influido por Júpiter. Mi nacimiento se produjo a primera hora de la tarde un cálido día de julio, y la temperatura de aquella hora es la que, inconscientemente, he amado y buscado durante toda mi vida, y la he añorado dolorosamente cuando me faltó. Nunca pude vivir en países fríos, y todos los viajes voluntarios de mi vida se dirigieron al sur. Fui hijo de padres religiosos, a quienes amé con ternura y a los que habría amado más tiernamente si no se me hubiera enseñado el cuarto mandamiento a edad temprana. Pero, lamentablemente, los mandamientos siempre han ejercido en mí un efecto fatal, por muy justos y bien intencionados que fueran - yo, que por naturaleza soy un cordero y tan dócil como una burbuja de jabón, siempre he sido reacio a los mandamientos de todo tipo, sobre todo durante mi juventud. Bastaba con que oyese el "debes hacer" para que en mí todo se revolviese y me volviera porfiado. Es fácil imaginar que esta peculiaridad tuvo una gran influencia negativa en mis años escolares. Cierto que nuestros maestros, en aquella divertida asignatura que llamaban Historia Universal, nos enseñaban que el mundo siempre había sido gobernado, dirigido y cambiado por ese tipo de personas que imponían su propia ley y que rompían con las leyes tradicionales, y nos decían que esas personas eran honorables. Pero eso era tan mentira como todo el resto de la enseñanza, pues cuando uno de nosotros, con buena o con mala intención, mostraba alguna vez valentía y protestaba contra cualquier mandamiento, o siquiera contra una costumbre estúpida o una moda, ni era honrado ni se nos recomendaba como modelo, sino que era castigado, escarnecido y oprimido por la cobarde prepotencia de los maestros.
Por suerte, lo importante y más valioso para la vida ya lo había aprendido antes de empezar los años de escuela: mis sentidos eran despiertos, finos y aguzados, me podía fiar de ellos y obtener mucho disfrute, y cuando más tarde caí irremisiblemente ante la seducción de la metafísica, e incluso llegué a lacerar y despreciar mis sentidos, la atmósfera de una sensibilidad delicadamente desarrollada, concretamente por lo que se refiere a la vista y al oído, siempre me fue fiel, y en el mundo de mi pensamiento, incluso donde parece ser abstracta, interviene de forma viva. Por lo tanto disponía yo de unas ciertas defensas para la vida que, como ya he dicho, adquirí mucho antes de que empezasen los años de colegio. Conocía bien nuestra ciudad paterna, las granjas de gallinas y los bosques, las huertas y los talleres de los artesanos, conocía los árboles, los pájaros y las mariposas, sabía cantar canciones y silbarlas entre dientes, y muchas otras cosas que tienen valor para la vida. A esto se añadieron entonces las ciencias escolares, que me resultaban fáciles y me divertían, encontrando un auténtico placer en el latín, y empecé casi igual de pronto a hacer versos tanto en latín como en alemán. El arte de la mentira y de la diplomacia se lo debo al segundo año de colegio, donde un preceptor y un colaborador me dotaron de estas facultades después de que previamente, con mi candor y confianza infantiles, hiciera caer sobre mí una desgracia detrás de otra. Estos dos educadores me ilustraron con éxito sobre el hecho de que la honestidad y el amor a la verdad eran cualidades que ellos no buscaban en los alumnos. Me acusaron de una fechoría, por cierto bastante intrascendente, que se había cometido en clase y de la que yo era completamente inocente, pero como no pudieron obligarme a confesar su autoría, convirtieron esa pequeñez en un proceso de Estado y ambos, con torturas y palos, fueron incapaces de sacarme la confesión que deseaban, pero sí extrajeron de mí toda fe en la honestidad de la casta de maestros.
Gracias a Dios, con el tiempo, también llegué a conocer maestros rectos y dignos de respeto, pero el daño ya estaba hecho y quedó falseada y amargada no sólo mi relación con los maestros de escuela, sino también con todo tipo de autoridad. En general, durante los siete u ocho primeros años de colegio fui un buen alumno, al menos siempre estaba sentado entre los primeros de mi clase. Pero al comenzar aquellas luchas de las que no escapa nadie que quiera ser una personalidad, entré cada vez más en conflicto con la escuela. Esas luchas sólo las comprendí dos décadas después, pero entonces estaban allí y me rodeaban, en contra de mi voluntad, como una terrible desgracia.
La cuestión era la siguiente: desde que cumplí los trece años estaba claro para mí que quería ser poeta o nada. Pero con la claridad de esta idea llegó paulatinamente otra certeza, penosa. Uno podía llegar a ser maestro, cura, médico, artesano, comerciante o empleado de correos, también músico, incluso pintor o arquitecto, y para todas las profesiones del mundo había un camino, había condiciones previas, había una escuela, una enseñanza para el principiante. ¡Pero no existía para el poeta! Estaba permitido serlo e incluso se consideraba un honor ser poeta: es decir, tener éxito y fama como poeta, pero lamentablemente esto solía suceder cuando uno ya estaba muerto. Sin embargo, convertirse en poeta era imposible, querer serlo era una ridiculez y una vergüenza, como pude averiguar muy pronto.


Rápidamente había aprendido lo que se podía aprender de la situación: poeta sólo se podía ser, pero no estaba permitido llegar a serlo. Además, interesarse por la poesía y por un talento poético propio le hacía a uno sospechoso ante los maestros, y por ello desconfiaban de uno o le despreciaban, con frecuencia incluso le ofendían a uno mortalmente. Con los poetas pasaba exactamente lo mismo que con los héroes y con todas las figuras y los afanes intensos o hermosos, orgullosos y no cotidianos: en el pasado fueron maravillosos, todos los libros de texto estaban llenos de alabanzas hacia ellos, pero en el presente y en la realidad se los odiaba y, probablemente, los maestros habían sido contratados y formados para impedir en lo posible el surgimiento de personas famosas y libres y la realización de gestas grandes y magníficas.


Por lo tanto, entre mi persona y mi lejana meta no veía más que abismos, todo se me volvía incierto, devaluado, y sólo una cosa permanecía: la voluntad de querer ser poeta, fuese fácil o difícil, ridículo u honorable. Los éxitos externos de esta decisión - más bien de esta fatalidad - fueron los siguientes:

Cuando yo tenía trece años y acaba de comenzar ese conflicto, mi comportamiento dejó mucho que desear tanto en la casa paterna como en la escuela, hasta el punto de que se me exilió a la escuela de latín de otra ciudad. Un año después me convertí en pupilo de un seminario teológico, aprendí a escribir el alfabeto hebreo y estaba a punto de comprender lo que es una dagesh forte implicitum cuando, de pronto, me inundaron tormentas interiores que desembocaron en mi huida de la escuela monacal, en un castigo con arresto grave y en mi expulsión del seminario. Durante un tiempo me esforcé en una escuela media por avanzar en mis estudios, pero allí el final también fue la sanción y la expulsión. Después fui aprendiz de comerciante durante tres días, volví a marcharme y durante algunos días y noches desaparecí para gran preocupación de mis padres. Durante medio año fui ayudante de mi padre, durante año y medio estuve de aprendiz en un taller mecánico que además fabricaba relojes de torre.

En resumen, durante más de cuatro años todo lo que se quería hacer conmigo fue irremisiblemente mal, ninguna escuela quería quedarse conmigo, como aprendiz no duraba mucho en ningún sitio. Todo intento de hacer de mí una persona útil terminaba en fracaso, muchas veces con escarnio y escándalo, con la huida o con la expulsión, y sin embargo en todas partes me reconocían buenas dotes e incluso una cierta dosis de buena voluntad. Siempre era pasablemente aplicado, pues la elevada virtud de la holgazanería siempre la he admirado con veneración, pero nunca llegué a ser un maestro de ella. De forma consciente y enérgica comencé mi propia formación a los quince años, cuando había fracasado en la escuela, y tuve la suerte y el placer de que en casa de mi padre estaba la impresionante biblioteca del abuelo, una sala entera llena de viejos libros que, entre otras cosas, contenía toda la poesía y la filosofía alemanas del siglo XVIII. Entre los 16 y los 20 años no sólo llené una gran cantidad de papel con mis primeros intentos poéticos, sino que en aquellos años también leí la mitad de la literatura universal y me ocupé de la historia el arte, los idiomas y la filosofía con un ahínco que habría bastado de sobra para un estudio normal.

Después me hice librero para poder finalmente ganarme yo mismo el pan. Al fin y al cabo, con los libros tenía más y mejores relaciones que con el tornillo de banco y las ruedas dentadas de fundición de acero con las que había sufrido como mecánico. Durante los primeros tiempos, nadar entre lo nuevo y lo más reciente de la literatura, ser incluso anegado por ello, fue un placer casi embriagador. Pero al cabo de un tiempo me di cuenta de que, en lo intelectual, una vida en el mero presente, en lo nuevo y en lo más reciente era insoportable y carecía de sentido, que la relación existente con lo que había sucedido, con la historia, con lo antiguo y con lo ancestral era lo único que permitía una vida intelectual. Por eso, una vez agotado el primer placer, fue una necesidad volver a lo antiguo después de la inundación de novedades, y lo hice pasándome de la librería a la tienda de antigüedades. Pero sólo permanecí fiel a la profesión mientras la necesité para ganarme la vida. A la edad de veintiséis años, con motivo de un primer éxito literario, también abandoné esta profesión.Por lo tanto ahora, después de tantas tormentas y sacrificios, había alcanzado mi meta: por imposible que hubiera parecido, ahora me había convertido en un poeta y, al parecer, había ganado la larga y dura batalla contra el mundo.

La amargura de los años de colegio y de formación, donde tantas veces estuve al borde del hundimiento, quedó entonces olvidada y ridiculizada, e incluso los familiares y los amigos, que hasta entonces estaban desesperados conmigo, me sonreían ahora con amabilidad. Yo había vencido, y aunque hiciese lo más tonto y lo más baladí, todos lo consideraban encantador, igual que yo mismo también estaba encantado conmigo. Ahora me daba cuenta de la escalofriante soledad, el ascetismo y el peligro en los que había vivido año tras año; el tibio aire del reconocimiento me sentaba bien y empecé a convertirme en un hombre satisfecho. Durante un largo tiempo mi vida exterior transcurrió de forma tranquila y agradable. Tenía mujer, niños, casa y jardín. Escribía mis libros, estaba considerado un poeta amable y vivía en paz con el mundo. En el año 1905 ayudé a crear una revista dirigida sobre todo contra el régimen personal de Guillermo II, pero, en el fondo, sin tomar en serio estos objetivos políticos. Hice hermosos viajes a Suiza, a Alemania, a Austria, a Italia y a India. Parecía que todo estaba en su sitio. Entonces llegó aquel verano de 1914 y, de pronto, todo cambió en el interior y en el exterior. Se demostró que el bienestar del que gozábamos hasta entonces se había construido sobre un terreno inseguro, y entonces empezó a ir todo mal, empezó la gran educación.

(...)

Por lo tanto en mí mismo debía haber todo tipo de desórdenes si entraba así en conflicto con toda la marcha del mundo. De hecho, sí había un gran desorden. No era nada divertido abordar ese desorden en mí mismo y tratar de ordenarlo. Sobre todo se demostraba una cosa: la plácida paz en la que yo había vivido con el mundo no sólo la había pagado demasiado cara yo mismo, sino que también había estado tan podrida como la paz exterior en el mundo. Creía que con la largas y difíciles luchas de mi juventud me había merecido mi puesto en el mundo y ser un poeta, pero a todo esto el éxito y el bienestar habían ejercido en mí la influencia habitual, me había vuelto satisfecho y cómodo y, si lo consideraba a fondo, el poeta apenas se podía diferenciar de un escritor de encargo. Me había ido demasiado bien. Sin embargo ahora me iba abundantemente mal, lo que siempre es una escuela buena y enérgica, y aprendí cada vez más a dejar que los asuntos del mundo llevasen su curso y pude ocuparme de mi propia participación en la confusión y la culpa del conjunto. Debo dejar al lector la tarea de descubrir esta ocupación a través de la lectura de mis escritos. Pero sigo teniendo la secreta esperanza de que, con el paso del tiempo, también mi pueblo realizará una comprobación similar, no como un todo, pero sí a través de muchos individuos despiertos y responsables, y en lugar de quejarse y maldecir por lo mala que es la guerra y lo malos que son los enemigos y lo mala que es la revolución, se plantará en muchos miles de corazones la pregunta:

¿fui yo también culpable? y ¿cómo puedo recuperar la inocencia? En cualquier momento se puede volver a ser inocente si se reconoce el propio sufrimiento y la propia culpa y se termina de sufrir en lugar de buscar en otro la culpa del sufrimiento.

Cuando empezó a manifestarse el nuevo cambio en mis escritos y en mi vida, muchos de mis amigos sacudieron la cabeza. Muchos también me dejaron. Esto formaba parte de la imagen cambiada de mi vida, igual que la pérdida de mi casa, de mi familia y de otros bienes y comodidades. Fue una época en la que cada día me despedía, y cada día me asombraba de poder soportar también lo que me seguía pasando y seguir viviendo, y de seguir amando siempre algo de esta extraña vida que sólo parecía traerme dolor, decepciones y pérdidas. Por cierto, para que no se olvide: también durante los años de la guerra tuve algo así como una buena estrella o un ángel protector. Mientras me sentía muy solo con mi sufrimiento, y hasta que empezó el cambio, sentía que mi destino era desgraciado y renegaba de él; precisamente mi sufrimiento y mi obsesión por el sufrimiento me sirvieron de protección y escudo contra el mundo exterior.

De hecho, pasé los años de la guerra en un entorno tan deleznable de política, espionaje, técnica de soborno y artes de aprovechamiento de la coyuntura, como por aquel entonces sólo se podían encontrar juntos y tan concentrados en pocos lugares de la Tierra, concretamente en Berna, en medio de la diplomacia alemana, la neutral y la enemiga, en una ciudad que se superpobló de la noche a la mañana y se llenó de diplomáticos, agentes políticos, espías, periodistas, compradores y traficantes. Yo vivía entre diplomáticos y militares, pero además trataba con personas de muchas naciones, incluso enemigas, y el aire a mi alrededor era toda una red de espionaje y contraespionaje, de traiciones, intrigas, negocios políticos y personales, ¡y de todo ello no me di cuenta en absoluto durante aquellos años! Se me escuchaba a hurtadillas, se me espiaba y vigilaba, de pronto era sospechoso ante los enemigos, o ante los neutrales, o ante mis propios compatriotas, y no me daba cuenta de nada; sólo mucho después me enteré de esto y de aquello, y no comprendí cómo pude vivir sano y salvo en medio de esta atmósfera. Pero así fue.Con el final de la guerra también se produjo la terminación de mi cambio y acabaron los sufrimientos de la prueba. Esos sufrimientos ya no tenían nada que ver con la guerra ni con el destino del mundo, ni la derrota de Alemania, que nosotros en el extranjero esperábamos con seguridad desde hacía dos años, tuvo en ese momento nada de terrible.

Yo estaba completamente sumergido en mí mismo y en mi propio destino, pero a veces con la sensación de que se trataba de todo lo inhumano. Reencontraba en mí mismo todas las guerras y toda el ansia de asesinar del mundo, toda su inconsciencia, todo su crudo afán por los placeres, toda su cobardía; tuve que perder primero la estima de mí mismo y después el desprecio de mí mismo; no tenía otra cosa que hacer más que lanzar un vistazo al caos de la Tierra con la esperanza a veces brillante, a veces redentora, de encontrar más allá del caos de nuevo la naturaleza, de nuevo la inocencia. Toda persona que se ha despertado y que realmente ha alcanzado la consciencia pasa alguna vez, o varias veces, por este estrecho camino a través del desierto; querer hablar a otros de ello sería un esfuerzo vano.

Cuando los amigos me traicionaban, a veces sentía desconsuelo, pero no desasosiego, pues lo consideraba más bien una confirmación en mi camino. Esos que fueron amigos tenían mucha razón cuando decían que yo había sido antes un hombre y un poeta simpático, mientras que mi problemática actual era simplemente insufrible. Por aquel entonces hacía mucho que yo había superado las cuestiones de gusto o de carácter, y no había nadie que hubiese podido comprender mi lenguaje. Quizá esos amigos tenían razón cuando me reprochaban que mis escritos habían perdido belleza y armonía. Esas palabras sólo me provocaban risa, pues ¿qué es la belleza o la armonía para quien están condenado a muerte, para quien corre por salvar su vida entre muros que se desploman? Quizá, en contra de la creencia que había tenido toda la vida, yo no era un poeta, y quizá todo el esfuerzo estético había sido un mero horror. Podía ser, pero tampoco eso era ya importante. La mayor parte de lo que había visto durante mi viaje por los infiernos había sido un engaño y careció de valor, por eso quizá también pasara lo mismo con la ilusión de mi vocación o mis dotes. ¡Qué poca importancia tenía! Tampoco existía ya lo que, lleno de orgullo y alegría infantil, había considerado en tiempos mi misión. Hacía mucho que ya no veía mi misión, más bien mi camino hacia la salvación, en el campo de la lírica, de la filosofía o de cualquier historia así de especialistas, sino sólo en que unos pocos vivos y fuertes pudiesen vivir en mí su vida, ya sólo en la fidelidad incondicional a lo que en mí todavía sentía con vida.

Cuando por fin acabó la guerra también para mí, en la primavera de 1919, me retiré a un apartado rincón de Suiza y me convertí en un ermitaño. Dado que toda mi vida (y ésta fue una herencia de padres y abuelos) me ocupé mucho de la sabiduría india y china, y mis nuevas vivencias también las expresé en parte en el lenguaje gráfico oriental, con frecuencia se me llamaba "budista", sobre lo cual no podía por menos que reírme, pues en el fondo sabía que era la creencia de la que más alejado estaba. Sin embargo ahí había algo correcto, un grano de verdad, como descubrí poco después. Si de algún modo fuera pensable que un hombre pudiera escoger personalmente una religión, desde luego por mi anhelo más íntimo me habría adherido a una religión conservadora: a la de Confucio, al brahmanismo o a la iglesia romana. Pero lo habría hecho por añoranza del polo opuesto, no por afinidad innata, pues yo no nací por casualidad como hijo de devotos protestantes, sino que soy protestante también por mi ánimo y mi esencia (lo cual no supone ninguna contradicción con mi antipatía hacia las confesiones protestantes que existen en la actualidad). El auténtico protestante se rebela contra la propia iglesia igual que contra cualquier otra, porque su esencia afirma que llegar a ser es más importante que el ser. En este sentido Buda también fue un protestante.

La fe en mi capacidad poética y en el valor de mi trabajo literario estaba por tanto enraizada en mí desde el cambio. Escribir ya no me satisfacía del todo. Pero el ser humano debe tener alguna alegría, y yo también la pretendía en medio de mi situación de necesidad. Podía renunciar a la justicia, a la razón y al sentido en la vida y en el mundo, había visto que el mundo funciona perfectamente sin ninguna de estas abstracciones, pero no podía renunciar a un poco de alegría, y la exigencia de esa pizca de alegría era una de aquellas pequeñas llamas en mí en las que todavía creía y a partir de las cuales pensaba crear de nuevo el mundo. Con frecuencia buscaba mi alegría, mi sueño y mi olvido en una botella de vino, y muchas veces me ayudó, ¡loada sea! Pero no bastaba. Mira por dónde, un día descubrí una alegría completamente nueva. Ya con cuarenta años, de pronto empecé a pintar. No es que yo me considerase un pintor o quisiera llega a serlo. Pero pintar es algo maravilloso, le vuelve a uno más alegre y tolerante. Después no se tienen los dedos negros, como sucede al escribir, sino rojos y azules. Por esta actividad pictórica también se enfadaron muchos de mis amigos. Ahí tengo poca suerte, pues siempre que abordo algo realmente necesario, satisfactorio y hermoso, la gente se vuelve desagradable. Quieren que uno siga siendo lo que era, que no cambie la cara. Pero mi cara se rebela, quiere cambiar con frecuencia, para ella es una necesidad.

Otro reproche que se me hacía me pareció muy justificado. Se me negaba que tuviera sentido de la realidad. Tanto los poemas que escribo como los cuadritos que pinto no se corresponden con la realidad. Cuando hago poesía, con frecuencia olvido todos los requisitos que los lectores ilustrados plantean a un auténtico libro, y sobre todo me falta de hecho el respeto a la realidad. Creo que la realidad es aquello por lo que menos falta hace preocuparse, pues es suficientemente molesta, incluso existe siempre, mientras que las cosas más hermosas y necesarias requieren nuestra atención y nuestro cuidado. La realidad es aquello con lo que no se puede estar satisfecho bajo ninguna circunstancia, lo que no se puede adorar ni honrar bajo ninguna circunstancia, pues es la casualidad, el desecho de la vida. Además esa realidad sórdida, con frecuencia decepcionante e insípida, no se puede modificar de ningún otro modo más que negándola, demostrando que somos más fuertes que ella. En mis poemas muchas veces se echa de menos el habitual respeto a la realidad, y cuando pinto los árboles tienen caras y las casas ríen o bailan, o lloran, pero en general no se puede reconocer si el árbol es un peral o un castaño. Debo aceptar este reproche. Confieso que mi propia vida también me parece muchas veces un cuento; con frecuencia veo y siento el mundo exterior en mi interior en un contexto y un acoplamiento que debo llamar mágicos.

Algunas veces también me pasaron tonterías; por ejemplo, una vez hice una declaración inocente sobre el famoso poeta Schiller, por la cual pronto todos las boleras del sur de Alemania me declararon un difamador de los santuarios patrios. Pero ahora ya he conseguido desde hace años no hacer ninguna declaración que pueda difamar los santuarios ni hacer que las personas se pongan rojas de cólera. Creo que eso ha sido un progreso. Dado que para mí la llamada realidad no desempeña un papel muy importante, porque lo pasado me llena con frecuencia igual que el presente y lo actual me parece infinitamente lejano, por eso tampoco puedo separar el futuro del pasado tan nítidamente como normalmente se hace. Yo vivo mucho en el futuro, y por eso no necesito terminar mi biografía en el día de hoy, sino que puedo dejar tranquilamente que continúe. Brevemente voy a relatar cómo mi vida describe su arco completo. En los años hasta 1930 escribí algunos libros más, pero después le volví la espalda a ese oficio para siempre. La pregunta de si en realidad se me debe incluir entre los poetas o no fue investigada en dos conferencias por unos jóvenes muy aplicados, pero no se contestó.

En resultado de una consideración cuidadosa de la nueva literatura condujo a decir que el fluido que convierte a una persona en poeta sólo aparece en los últimos tiempos tan extraordinariamente rebajado que ya no se puede establecer la diferencia entre el poeta y el literato. Sin embargo, a partir de este hallazgo objetivo los dos doctorandos sacaron conclusiones opuestas. Uno de ellos, el más simpático, opinaba que una poesía tan ridículamente diluida ya no era tal en absoluto, y dado que la mera literatura no es digna de vivir, lo que hoy todavía se llama poesía se debía dejar morir tranquilamente. Pero el otro era un adorador incondicional de la poesía, incluso en su forma más diluida, y por eso creía que sería mejor, por precaución, valorar a cien no poetas que ser injusto con uno solo que quizá tuviera una gota de auténtica sangre parnasiana. Yo me ocupaba fundamentalmente de la pintura y de los métodos de la magia china, pero en los años siguientes también fui profundizando cada vez más en la música. La ambición de mi vida posterior consistió en escribir una especie de ópera en la que la vida humana se tomase poco en serio en su llamada realidad, incluso se ridiculizase, pero que destacara el brillo de su imagen como valor eterno, como etéreo ropaje de la divinidad.

La concepción mágica de la vida siempre me fue muy querida; yo nunca fui un "hombre moderno" y siempre consideré que el "Goldener Topf" ("El puchero de oro") de Hoffmann, o incluso el de Heinrich von Ofterdingen, eran libros didácticos más valiosos que todas las historias universales y naturales (más aún, en éstas, cuando las leía, siempre había visto fábulas deliciosas). Pero entonces había comenzado para mí aquel periodo de la vida donde ya no tiene ningún sentido seguir desarrollando una personalidad acabada y más que suficientemente diferenciada, y seguir diferenciándola, cuando en lugar de ello pugna la tarea de volver a embutir el yo en el mundo y, en vista de lo efímero que es todo, recubrirse de los órdenes eternos e intemporales. Me parecía que expresar estas ideas o posturas ante la vida sólo se podía hacer a través del cuento, y como forma más elevada del cuento veía la ópera, probablemente porque no podía creer ya del todo en la magia de la palabra en nuestro profanado y moribundo lenguaje, mientras que la música me seguía pareciendo un árbol vivo en cuyas ramas todavía pueden crecer hoy las manzanas del paraíso. En mi ópera quise hacer lo que en mis poesías nunca había logrado del todo: darle un sentido alto y maravilloso a la vida humana.

Yo quería ensalzar la inocencia y la inagotabilidad de la naturaleza, y representar su evolución hasta el momento en el que, por el inevitable sufrimiento, se ve obligada a acudir al espíritu, al lejano polo opuesto, y la oscilación de la vida entre los dos polos que son la naturaleza y el espíritu se debía representar de forma alegre, lúdica y completa como la tensión de un arco iris. Pero lamentablemente nunca conseguí acabar esa ópera. Me pasó con ella lo que me había sucedido con la poesía. Había tenido que abandonar la poesía cuando vi que todo lo que me parecía importante decir ya se había dicho mil veces en el "Goldener Topf" y en Heinrich von Ofterdingen de modo más puro que el que yo habría sido capaz de conseguir. Por eso me fue así también con mi ópera. Precisamente cuando había terminado los largos años de estudios previos musicales y varios borradores de textos, y trataba de imaginarme otra vez con el mayor ahínco posible el verdadero sentido y el contenido de mi obra, de pronto percibí que con mi ópera no pretendía otra cosa que lo que ya estaba resuelto desde hacía mucho, de modo maravilloso, en la "Zauberflöte" ("La flauta mágica").Por eso abandoné este trabajo y me dediqué en cuerpo y alma a la magia práctica. Mi sueño de artista había sido una ilusión, pero si yo no era capaz de escribir un "Goldener Topf" ni una "Zauberflöte", entonces es que había nacido para ser mago.

Hacía mucho que había avanzado lo suficiente por el camino oriental de Lao Tse y del I Ching como para conocer con precisión la casualidad y la mutabilidad de la llamada realidad. Ahora forzaba mediante la magia esta realidad en el sentido que yo quería, y debo decir que me causaba gran placer. Sin embargo también debo reconocer que no siempre me limité a aquel amable jardín que se llama magia blanca, sino que de vez en cuando la pequeña llama viva también me hacía pasar al lado oscuro.A la edad de más de setenta años, justo cuando dos universidades me habían distinguido con la concesión del título de doctor honorífico, fui llevado ante los tribunales por seducir a una joven muchacha por medio de la magia. En la cárcel pedí permiso para dedicarme a la pintura. Se me concedió. Los amigos me trajeron pinturas y útiles, y pinté un pequeño paisaje en la pared de mi celda. Es decir, una vez más había vuelto al arte y todos los naufragios que ya había vivido como artista no me pudieron impedir en lo más mínimo vaciar de nuevo esa dulce copa, construir otra vez, como un niño en un juego, un pequeño y querido mundo de juguete ante mí y saciar mi corazón en él, desprendiéndome otra vez de toda sabiduría y abstracción y sintiendo de nuevo la primitiva alegría de engendrar.

Por lo tanto volví a pintar, mezclaba colores y mojaba el pincel, bebiendo otra vez con embeleso todos esos embrujos infinitos: el claro y alegre sonido del bermejo, el sonido puro y lleno del amarillo, el conmovedor y profundo del azul, y la música de sus mezclas hasta el gris más pálido y lejano. Feliz, como un niño, iba realizando mi juego de creación y pintaba un paisaje en la pared de mi celda. Ese paisaje contenía casi todo lo que me había producido alegría en la vida, ríos y montañas, mar y nubes, campesinos en la cosecha y un montón de cosas bonitas que me causaban placer. Pero por el centro del cuadro avanzaba un tren muy pequeño. Se dirigía hacia una montaña y ya penetraba con su cabeza en ella como un gusano en la manzana; la locomotora ya estaba en parte dentro de un pequeño túnel de cuya redonda boca salía un penacho de humo.Jamás me había encantado mi juego tanto como esa vez. A través de este retorno al arte no sólo olvidé que era un prisionero y un acusado, y que tenía pocas perspectivas de terminar mi vida en un lugar que no fuese una prisión, sino que con frecuencia olvidaba incluso mis ejercicios de magia y me parecía ser magia suficiente el que yo, con un fino pincel, crease un árbol diminuto o una pequeña nube clara. A todo esto la llamada realidad, ante la que yo de hecho había sucumbido por completo, hacía todos los esfuerzos por burlarse de mi sueño y por destruirlo una y otra vez.

Casi cada día venían a por mí, bajo vigilancia me llevaban a recintos extremadamente antipáticos, donde en medio de muchos papeles estaban sentadas personas antipáticas que me interrogaban, que no me querían creer, que me gritaban en la cara, que me trataban a veces como a un niño de tres años y a veces como a un taimado delincuente. No hace falta ser el acusado para conocer este extraño y en verdad diabólico mundo de los despachos, del papel y de los expedientes. De todos los infiernos que asombrosamente el hombre ha tenido que crear, éste siempre me ha parecido el más infernal. Basta con que quieras trasladarte de casa o casarte, obtener un pasaporte o un certificado de nacimiento, para estar ya en medio de este infierno, para que tengas que pasar ácidas horas en la habitación sin aire de este mundo de papeles, para que seas interrogado por personas aburridas y, pese a ello, precipitadas y amargadas, que te gritan en la cara, y las declaraciones más sencillas y ciertas no encuentran más que incredulidad, y de pronto eres tratado como un niño de escuela y de pronto como un criminal. En fin, todos lo conocen. Me habría ahogado y podrido mucho antes en el infierno de papeles si mis pinturas no me hubieran consolado y alegrado una y otra vez, si mi cuadro, mi hermoso y pequeño paisaje, no me hubiese dado otra vez aire y vida. Estaba yo ante ese cuadro en mi cárcel, cuando los guardias vinieron corriendo con sus aburridas citaciones y quisieron arrancarme de mi feliz trabajo.

Entonces sentí un cansancio y algo así como asco hacia todo aquel jaleo y toda esa realidad brutal e insensible. Me pareció que había llegado el momento de poner fin al martirio. Si no me estaba permitido jugar sin interrupciones a mis inocentes juegos de artista, tenía que utilizar una de esas artes más serias a las que me había dedicado durante algunos años de mi vida. Ese mundo no se podía soportar sin magia.

Recordé la norma china, estuve durante un minuto reteniendo la respiración y me desprendí de la ilusión de la realidad. Entonces pedí amablemente a los guardias que tuviesen un instante de paciencia, porque iba a subirme al tren de mi cuadro y allí tenía que revisar algo. Se rieron como hacían siempre, pues creían que yo estaba mentalmente perturbado. Entonces me hice pequeño y entré en mi cuadro, subí al pequeño tren y avancé con el pequeño tren por el pequeño túnel negro. Durante un rato se siguió viendo el penacho de humo salir del agujero redondo, después se disipó el humo y con él se disipó todo el cuadro y yo con él. Los guardias quedaron atrás, llenos de perplejidad.



* Hermann Hesse, Biografía Resumida, en Gesammelte Werke en 12 tomos, tomo 6º, págs. 391 y sig.

© Suhrkamp Verlag, Berlin

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10 de diciembre de 2014

ETERNIDAD | ETERNITY

Este día que tanto temes por ser el último, es la aurora del día eterno. | This day you fear the most is the aurora of eternal dawn
Seneca



Nadie puede permanecer aquí sin sentir que estos bosques son templos llenos de varias producciones de Dios en la naturaleza y que hay mucho más en un ser humano que el aliento de su cuerpo, exclamó el prolífico naturalista inglés Charles Darwin, creador de la Teoría Evolucionista, postulado que amenazaba los dogmas de la Iglesia Católica en el s. XIX, y cuyos estudios son la base de la actual síntesis evolutiva para explicar el origen de las especies. | No man can stand here without feeling that these woods are temples filled with the various productions of the God of nature and that there is more in man than the breath of his body, exclaimed the english naturalist and geologist Charles Darwin, creator of Evolucionist Theory, which threatened the Catholic Church dogma in the XIX century; those studies are the foundations of the current modern evolutionary synthesis to explain the origin of species.

Muero en adoración a Dios, confesó el gran filósofo francés del siglo VIII, Voltaire. | I die in adoration of God, confessed the great french philosopher of the VIII century, Voltaire.

Solamente Tú puedes inspirarme (…)Tú, mi Dios, mi salvación, mi roca, mi todo; solamente en ti depositaré mi confianza; escribió en su diario el gran genio de la música alemana universal, Ludwig van Beethoven. | You alone can inspire me (...) You, my God, my salvation, my rock, my all; in you alone will I put my trust; wrote in his diary the great genius of universal german music, Ludwig van Beethoven.

Sí, he regresado a Dios. Soy un hijo pródigo (…) Después de todo, hay una chispa divina en cada alma humana; escribió el último gran poeta romántico de las Letras Alemanas Universales, Heinrich Heine. | Yes, I have returned to God. I am the prodigal son (...) There is, after all, a divine spark in every human soul; wrote the last great romantic poet of Universal Literature, Heinrich Heine.

Los tesoros del cielo no son sino realidades del intelecto, ¡son verdaderas entidades celestiales!; nos dice el doblemente genio del Arte y la Poesía, William Blake. | The treasures of heaven are but realities of the intellect, are real celestial entities!; said the twofold genius of art and poetry, William Blake.

Y el equilibrio ha demostrado que la palabra de Dios es verdadera en sí misma; concluyó el máximo representante de la Dramaturgia Sueca y revolucionario del Teatro mundial, Johan August Strindberg. | And the balance shows that the word of God is alone right; concluded the Swedish revolutionary of Drama worldwide, Johan August Strindberg.

¡Pues Dios existe!, finaliza el reconocido astrofísico británico que descifró el límite natural de la luminosidad, Arthur Stanley Eddington. | Donc Dieu Existe!, resolved the outstanding british astrophysicist whom discovered the natural limit of luminosity, Arthur Stanley Eddington.


La Luz danza

De modo tal que si continuamos navegando en las vidas y obras de auténticos genios; observaremos una absoluta rendición hacia una fuerza desconocida pero superior a los límites de la razón. Dante, el más alto poeta universal, encuentra reconocimiento en la obra que habla de oscuridad y terror, y la belleza inefable de la Luz Eterna –Dios. El gran Vincent Van Gogh, cuyas manos concibieron el Arte Moderno, confesó que le hubiera gustado pintar algún santo, pues seguramente lo hubiera plasmado como aquellos primeros cristianos. Baudelaire, el gran maldito de la Poesía francesa, terminó por desechar los muros de la razón para prosternarse ante la supremacía de la fe. Borges, la voz literaria más trascendente de las Letras Latinoamericanas hiló un razonamiento estético intrincado para develar la posible no-existencia de Dios, concluyendo que irrefutablemente, Dios existe. Artistas, poetas, filósofos, científicos antes escépticos y arrogantes vuelven el rostro hacia un firmamento que los sobrepasa y en cuyos enigmas inenarrables encuentran reposo y paz para su alma. La naturaleza de lo insondable y la profundidad del dolor guían al ser humano hacia el despertar espiritual último. | Therefore, If we continue navigating in the life and works of true genius; we shall find an absolute yielding towards an unknown force, neverthless superior to the limits of reason. Dante, the highest universal poet, finds recognition in the masterpiece that talks about darkness and terror, but also the ineffable beauty of the Eternal Light –God. The great Vincent Van Gogh, whose hands created Modern Art, confessed that if he had the power to do so, he would have painted the figures of saints, because they would have turned out as men and women like the earlist Christians. Baudelaire, the majestic maudit of French Poetry, had to cast aside the wall of reason to prostrate before the supremacy of faith. Borges, the most relevant voice of Latin American Literature put together an aesthetic reasoning much intrincate to unveil the probable non-existence of God; he concluded that God undeniably exists. Artists, poets, philosophers, scientists once arrogant and skeptical rise their minds headed for a firmament that surpasses them in which inexpressible mystery they can find peace and rest their souls. The nature of the unfathomable and the depth of pain guide human beings to the last spiritual awakening. 


Jung
Carl Jung, médico del alma y la psique humana cuya contribución abarca el desarrollo del Psicoanálisis y la Psicología Profunda; se encontró en medio de una crisis existencial a la edad de 38 años cuando decidió independizarse de su mentor, el venerado Freud. “Tuve la impresión que el suelo cedía bajo mis pies en el verdadero sentido de la palabra y que me precipitaba vertiginosamente en un oscuro abismo”. Se encontraba al borde de una psicosis. Es entonces cuando su espíritu comenzó a invocar a entidades divinas, ángeles que se manifestaron en sueños y aliviaron su alma, enseñándole a conocerse y sobre todo, a conocer a Dios. | Carl Jung, the great doctor of the human mind and soul whose contribution includes the development of Psycoanalysis and the Analytical Psycology; found himself in the middle of a spiritual crisis at the age of 38 years when he decided to build his own path and break free from his mentor, the revered Freud. "I had the feeling that the ground was literally opening under my feet and that I was about to vertiginously sink in a dark abyss". He was at the edge of psicosis. Then, his spirit began to call the divine entities, angels that appeared in dreams and alleviated his soul; they taught him to know himself and most of all, to know God.



Mallasz

Gitta Mallasz, deportista y artista húngara que vivió en el período de la invasión nazi en Europa, tuvo comunicación con los «enviados de Dios»; ángeles que transmitieron revelaciones divinas a ella y a su amiga Lily a través de Hanna, cuya naturaleza libre de prejuicios religiosos le permitió ser intermediaria entre el Reino Celestial y el plano material. “Cada paso hacia él es un despertar. / Toda existencia, no sólo la vuestra, es sólo un sueño. /Un sueño cada vez más sutil, menos denso, / pero sueño al fin y al cabo. / Proclamo: cuando la única Luz traspase la más / densa tiniebla será la liberación” (Mallasz, 2009). Denominada La Escriba de los Ángeles, Gitta publicó libros y dio conferencias sobre sus experiencias sobrenaturales hasta el ocaso de su vida. | Gitta Mallasz, hungarian sportswoman and artist who lived in the nazi invasion period, had communication with the «messengers of God»; angels that revealed to her and her friend Lily secrets of human and divine nature through Hanna, whose mind was free from religious prejudices and she was chosen to be the intermediary between the Kingdom of Heaven and the material sphere. "Each step towards him is an awakening. / Every existence, not only yours, is just a dream. / A dream each time more subtle, less dense, / but a dream after all. / One awakening: Him and in Him. / I proclaim: when the unique Light penetrates the most / dense darkness it will be the liberation." (Mallasz, 2009).



Los Secretos del Cielo de Emanuel Swedenborg

Swedenborg (1688 – 1772), sabio precursor de la espiritualidad tuvo comunicación con los ángeles desde un plano astral. El ángel le expresó: “¿Quieres que nos acerquemos más? Pero cuida que el brillo que proviene de nuestro cielo y que es llameante no penetre muy hondo en ti. Una influencia iluminará las ideas superiores de tu razón que en sí son celestiales pero imposibles de expresar en el mundo en el cual vives (…) El mundo espiritual carece de tiempo y espacio. Por esto los espíritus, seres divinos, pueden pensar en la eternidad sin tiempo en su omnipresencia sin espacio y de este modo comprender algo que supera ampliamente las ideas del hombre natural…” (Vidales, 1997). | Emmanuel Swedenborg, great erudite, precursor of spirituality, had communication with angels in astral level. The angel expressed: "Do you want us to come closer? But be cautious, for our heaven shining is too flaming and it must not penetrate you too deeply. An influence would illuminate the high ideas of your reasoning that in you are celestial but impossible to express in the world you live (...) The spiritual world lacks of time and space. Because of this, the spirits, heavenly beings, can think in eternity without time in their omnipresence without space and therefore understand something that surpasses widely the ideas of human nature..." 

La fuente más directa y esencial para conocer a Dios y a sus seres de luz son las Sagradas Escrituras. El profeta Daniel describe lo siguiente: “Al levantar los ojos, vi a un hombre vestido de lino que llevaba un cinturón de oro brillante. Su cuerpo parecía de piedras preciosas, su rostro tenía el aspecto de rayo; sus ojos eran como lámparas encendidas, sus brazos y sus piernas brillaban como el bronce bruñido y sus palabras resonaban como el estruendo de una muchedumbre” (Daniel 10:5-6). Estaba narrando la visión del Arcángel Gabriel. | The most accurate and straightforward source to know God and His Light beings are the Holy Scriptures. Prophet Daniel depicts: "I lifted up mine eyes, and looked, and behold a man clothed in linen, whose loins were girded with pure gold of Uphaz: his body also was like the beryl, and his face as the appearance of lightning, and his eyes as lamps of fire, and his arms and his feet like in colour to burnished brass, and the voice of his words like the voice of a multitude." (Daniel 10:5-6). He was describing the vision of Archangel Gabriel.



San Juan Evangelista de Veronese (Italia - s. VI)

En el libro apocalíptico que escribió Juan el Evangelista mientras se encontraba exiliado en la Isla de Patmos, se describe lo siguiente: “Y en medio de los candeleros vi como a un hijo de hombre vestido con una túnica que le llegaba hasta los pies y un cinturón de oro a la altura del pecho. Su cabeza y sus cabellos son blancos como la lana blanca, como la nieve; sus ojos parecen llamas de fuego, sus pies son como bronce pulido acrisolado en el horno, su voz resuena como estruendo de grandes olas. En su mano derecha tiene siete estrellas; de su boca sale una espada de doble filo y su cara brilla como el sol cuando está en su máximo esplendor.”(Apocalipsis 1:13-16). Estaba narrando la visión de Dios-Hijo único. | In the apocalyptic book written by John the Evangelist while he was exiled in Patmos Island, he describes:"And in the midst of the candlesticks one like unto a son of man, clothed with a garment down to the foot, and girt about at the breasts with a golden girdle. And his head and his hair were white as white wool, white as snow; and his eyes were as a flame of fire; and his feet like unto burnished brass, as if it had been refined in a furnace; and his voice as the voice of many waters. And he had in his right hand seven stars: and out of his mouth proceeded a sharp two-edged sword: and his countenance was as the sun shineth in his strength." (Revelation 1:13-16). He was narrating the vision of God-Unique Son.

Infinidad de acontecimientos y documentos históricos podrían atestiguar la existencia de una Divinidad incognoscible. Al profundizar en el estudio de la naturaleza humana, la creación del universo y los misterios que descansan bajo el manto invisible de lo conocido; la sabiduría del más alto erudito se sintetiza en la afirmación de una Verdad Inextricable. | A vast number of facts and historical documents could assert the existence of an unknown Divinity. We could go deeper and deeper into the study of human nature, the universe creation and all mysteries that live beyond the invisible cloak of reality. We shall find that the highest wisdom synthesises in the affirmation of an Inextricable Truth.



Sobre los techos del mundo resuena mi bárbaro graznido. (Whitman)


Referencias Bibliográficas | References:

Fülöp-Miller, R. (1945). Saints that moved the world. Thomas y Crowell Company: United States of America
Vidales, J.J., (1997). El Libro de los Tres Poderes. Editorial Contorno: Lima, Perú.
La Biblia. (1989). Editorial San Pablo: Madrid. Editorial Verbo Divino: Navarra.
Mallasz, G. (2009). La Respuesta del Ángel. Editorial Sirio: España.
Swedenborg, E. (2007). The Teachings of Emmanuel Swedenborg (Vol. I). Wilder Publicatios: United States of America.

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El 31 de mayo de 2014 culminamos nuestra existencia como Diablos Azules para habitar la Eternidad a través de la más sublime expresión humana. Aquí no hallarás sino Inmortales del Arte y la Literatura. | In may 31, 2014, we finished our existence as Blue Devils to inhabit Eternity through the most sublime human expression. Here you shall find nothing but Inmortals of Art and Literature.

www.la-eternidad.com
(web en proceso final de actualización).

Eternidad es una Promotora Cultural establecida en mayo de 2010 cuyo propósito esencial seguirá siendo la creación, organización y difusión de espacios en el Arte y la Literatura con perspectiva global, para que artistas universales y contemporáneas(os) sean develadas en su magnitud verdadera. | Eternity is a Cultural Promoter established in may may, 2010, which essential purpose is to create, organize and promote spaces in Art and Literature with a global perspective, as to universal and contemporary artists can be unveiled in its true magnitude

Inmortales del Arte y la Literatura:
Dickinson, Storni, Mistral, Wolf, Varo, Varela, Pizarnik, Stephen, Plath, Beauvior,
Claudel, Duras, Carrington.


Importante: Eternidad es una entidad cultural independiente sembrada en el campo fértil de la creatividad humana expresada en el Verbo (La Palabra) y las Bellas Artes. Las autoras(es) y obras que se despliegan en este sitio -así como en el futuro- son seleccionadas de acuerdo a criterios de originalidad, pulcritud, belleza y trascendencia; independientemente de la orientación filosófica, religiosa; origen, raza o género. 

17 de marzo de 2014

LA FRANCIA DE VALLEJO EN LA MIRADA DE GERARDO CAILLOMA NAVARRETE (Inédito)

“Los hijos se parecen más a su tiempo que a sus padres”
Proverbio árabe


122 Años del natalicio del poeta universal César Vallejo. 

Conferencia Magistral a propósito de los 
07/11/2013


LA FRANCIA DE VALLEJO
por Gerardo Cailloma Navarrete




Cuando César Vallejo dejaba el Perú por barco con Julio “El Chino” Gálvez Orrego el 17 de junio de 1923  en dirección a Europa para nunca más volver con una moneda de oro de 500 soles[i], el viejo Continente era un campo de experimentos políticos y sociales que iban a configurar el mundo contemporáneo que hemos heredado. La tendencia a la idealización y la sacralización de personas que admiramos no nos permiten ver el contexto que les tocó compartir y las circunstancias de cotidianeidad que, en este caso, experimentó nuestro vate en su periplo geográfico y humano vivido desde su llegada a la capital francesa hasta su muerte el 15 de abril de 1938. Gracias a la iniciativa de su amigo Julio Gálvez y su desprendimiento, este cambió su pasaje de primera en barco por dos de tercera; así Vallejo se alejó del Perú dejando atrás injustas demandas que aún el día de hoy ensombrecen su imagen.  Desde su arribo a París el 13 de julio del año 23, César Vallejo vivió una serie de vicisitudes, producto de su posición como emigrante de ajustados recursos y desconocedor del francés, situación que fue mejorando con los años;  así como de las turbulencias políticas y sociales coyunturales que terminarían por estallar en la segunda guerra mundial, conflicto declarado desde inicios de la década de los 30, pero oficialmente reconocido desde el 1 de setiembre de 1939.

Gerardo Cailloma disertando en la Plaza César Vallejo a propósito de los II RECITALES EN HONOR
A LOS MIL POEMAS A CÉSAR VALLEJO



No quiero entrar en un análisis interpretativo de la obra de Vallejo, no tengo autoridad para hacerlo; pero quisiera contribuir en el campo de la hermenéutica para una mejor interpretación de su obra y una mayor comprensión del Vallejo humano que vivió una serie de situaciones adversas, las cuales muchas veces no le hicieron placentera su vida el momento que le tocó vivir; y, más aún, tomando el concepto de que el artista es un vaso comunicante entre los hombres y la belleza que le permite trascender por encima de la vida prosaica que a todos nos corresponde. Vallejo es ese vaso comunicante que abrió un nuevo lenguaje para una gran masa humana silente que esperaba una voz. Ya un pensador contemporáneo a Vallejo y también conocedor de su obra, José Carlos Mariátegui, había visto en nuestro poeta el creador de una nueva estructura comunicativa que se adecue a los nuevos cambios. Mariátegui le permitió publicar en la revista Amauta diversas colaboraciones enviadas desde Europa. Además incluyó su aguda reflexión sobre la poética vallejiana en su obra capital 7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana[ii], precisamente en el séptimo ensayo, capítulo XIV.  Se puede, también, ahondar en la obra narrativa no literaria de Vallejo a través del trabajo hecho por el investigador Jorge Puccinelli[iii] quien realizó, en vida, una exhaustiva revisión del trabajo intelectual y periodístico que Vallejo redactó para la revista Mundial y el diario El Comercio de Lima entre otros.  Identificados ideológicamente en el tiempo, Mariátegui, en su obra El artista y la época[iv], nos acerca una herramienta de comprensión a la creación de un hombre que resume, sintetiza su tiempo, y que vislumbra los cambios sociales necesarios. Vallejo es un hombre de su tiempo; visionario, sí; pero también un hombre que encarna las luchas ideológicas que sacuden a Europa en esos momentos. Su acercamiento a la doctrina comunista, así como su profundo rechazo al fascismo galopante que asolaba a muchos países del viejo continente nos muestran su marcado compromiso con el hombre y la sociedad de su tiempo. Tal como leemos el breve ensayo de George Lambie, El pensamiento político de Vallejo,[v] el artista se preocupa por la historia que le está tocando vivir. Como escribe Lambie, Vallejo ya había tenido un desarrollo político en nuestro país en su juventud; pertenecía a una generación preocupada por la búsqueda de una identidad nacional. No pertenece a ese grupo de artistas del torremarfilismo que comenta José Carlos Mariátegui[vi], claramente desdeñado por este intelectual; Vallejo no es un artista encerrado en su torre de marfil, aislado y ajeno a los problemas que aquejan a los hombres; Vallejo pertenece al grupo de artistas, hombres y mujeres, que se sumaron a las causas sociales. Eran hombres y mujeres testigos activos de su tiempo.

Pero, ¿cuál es esa época que le cupo vivir a César Vallejo?
Contexto literario.
Pese a la actual revolución tecnológica que nos hace creer que todo tipo de cambio se realiza por segundos, la historia nos ha demostrado que los cambios sociales son, pese a todo, lentos. Y estos se generan en todos los estratos de una sociedad. Tomemos cualquier postulado de las teorías del cambio social y las mismas nos darán la razón sobre estos mismos que pueden tener una nueva visión paradigmática o una revolución profunda que cambie sus estructuras, como las explica Pior Sztompka[vii]. Pero, ¿cuáles son esos acontecimientos que envolverán a Europa, a sus ciudadanos, a su cultura, a Vallejo? Podemos identificar cuatro grandes acontecimientos: la primera guerra mundial, oficialmente culminada cinco años antes de que nuestro vate llegase a París; el ascenso del fascismo y nazismo; la revolución bolchevique que daría el nacimiento de la extinta Unión Soviética; y la guerra civil española, cruenta guerra fratricida en la cual estuvo directamente involucrado. Basándome en las reflexiones de Lambie, con los dos primeros acontecimientos, Vallejo acentuaba en sí el pesimismo por ver una Europa y la civilización occidental en decadencia, tal como se planteaba en el libro de boga La decadencia de occidente (1928) de Oswald Spengler. Como anécdota queda que ese mismo año, Vallejo deja de pertenecer al APRA y pasa a formar parte del nuevo Partido Socialista Peruano; este giro le permitió ver una esperanza para un nuevo mundo en los dos últimos grandes acontecimientos.
Quisiera focalizar mi exposición en el primer gran acontecimiento, el cual ha de cambiar, incluso, el mapa intelectual de Europa de entonces. Los otros acontecimientos ha sido abordados por diversos investigadores peruanos y extranjeros a través del estudio de la obra de César Vallejo o su identificación ideológica, como bien lo hizo David Sobrevilla en su investigación César Vallejo, poeta nacional y universal y otros trabajos vallejianos; su viuda, Georgette Vallejo, entre otros
Rechazó ideologías políticas.
La primera guerra mundial o la llamada Gran Guerra es un gran acontecimiento humano que influirá en el imaginario social. Este conflicto mundial cambió completamente la geopolítica europea y fue el primer gran movimiento masivo de personas y también la primera gran masacre colectiva realizada en el espacio de cinco años[viii].  Es la primera gran muestra de la globalización efectiva de nefastas consecuencias. Extrañamente el campo de acción bélico fue bastante reducido (en comparación de la segunda guerra mundial, veinte años después): el campo de batalla se circunscribió al noreste de Francia, parte del territorio belga, en algunas regiones de Polonia, norte de Italia y zonas focalizadas en Serbia. Con los detalles expuestos sobre los costos y pérdidas de la maquinaria productiva de cada nación envuelta en este conflicto, la guerra no significó muchas alteraciones en sus economías. Muchas florecieron y recobraron su brío pocos años después. El injusto castigo impuesto a Alemania por sus intenciones de querer entrar en el grupo de los grandes imperios no fue por causas de pagar las pérdidas ocasionadas a los países vencedores del conflicto.  Además es una guerra de medios que convocan a los hombres a ir a la guerra; es una guerra en la que la información es recibida por los medios impresos, que también fungen de propaganda; y los líderes gubernamentales se ven pronto envueltos en la contienda de manera expuesta. Se dirigen a sus pueblos, son cabeza de una campaña enfervorizada contra el enemigo. Es una guerra en la mente de la gente. De ahí su gran repercusión. Es una guerra de los pobres y los ciudadanos de pie que van a caer en la terribles trincheras de Verdun, Somme u otros nombres que causan una dolorosa recordación. Entre las consecuencias, una vez terminado el conflicto, se tiene un nuevo mapa de Europa con la desaparición del gran Imperio Austro-Húngaro y el Imperio Otomano, así como la transformación del extenso Imperio Ruso en un conglomerado de soviets que se convertirá en la Unión Soviética;  la fugaz aparición de la joven Alemania en el concierto mundial y su absurda rendición en esta guerra traerán lamentables secuelas a toda Europa y el mundo en general un par de décadas posteriores; irónicamente los dos imperios coloniales dominante en ese entonces,  Gran Bretaña y Francia, alcanzan su cenit, pero también inician su acelerada decadencia. Francia se vio debilitada por esta guerra en cuanto a sus planes geopolíticos, mientras que Gran Bretaña se vio algo favorecida por la anexión de los territorios perdidos por la desaparición del Imperio Otomano. Pero la intervención de los Estados Unidos en suelo europeo ya es un indicio de lo que vendría. Esta guerra replantea los roles continentales. EEUU, un país de ultramar interviene por primera vez en Europa, lo que lo convierte en una gran potencia del orbe; por otro lado, vemos los inicios de la expansión japonesa en Asia y un hecho importante: la amenazante realidad comunista que tuvo su primera manifestación concreta en la Rusia de entonces. En muchas partes, durante los años 20, la bandera roja flamea en lugares tan diversos como el ayuntamiento de Glasgow en Escocia, en fábricas italianas o en las duras huelgas generales en Gran Bretaña, Francia o Alemania. El peligro rojo precipita el surgimiento del fascismo y el nazismo[ix]. Quisiera resaltar que este contexto llamó mucho la atención a Vallejo, como lo menciona Greg Dawes en su artículo Neruda y Vallejo ante la vanguardia.[x]
Pero, ¿cómo afectó esta gran guerra al ciudadano simple en sociedades que estuvieron involucradas en la guerra y que forman parte del inconsciente colectivo actual? El próximo año, Europa se prepara para recordar el primer centenario del inicio de la Gran Guerra. La intelectualidad europea de esas décadas participó directamente o indirectamente en la conflagración. Grandes escritores franceses fueron enviados al frente y ellos mostraron, a través de sus diarios, novelas, poemas o ensayos, l´état d´esprit, el estado del espíritu de la época, de su tiempo. Así tenemos una vasta producción literaria hecha por autores como Maurice Genevoix, Roland Dorgelès, Henri Barbusse, Charles Péguy, Henri Fournier, Louis Aragon, Guillermo Apollinaire, Louis Pergaud, Blaise Cendrars, Maurice Barrès, Jean Giono, Marcel Proust, Georges Bernanos, Romain Rolland, Alphonse de Châteaubriand, Céline, Jean Cocteau, entre otros[xi].  Sus desgarradores manifiestos en novelas, poemas, crónicas de guerra o partes periodísticos nos muestran la crueldad de esta contienda, el sinsabor de saberse abandonados en medio de bombardeos de obuses o francotiradores. Testimonios como Viaje al fin de la noche de Céline o varios poemas del poemario Caligramas de Apollinaire nos muestran la condición y soledad de hombres que fueron al campo de batalla con una ilusión y que van descubriendo amargamente que son olvidados o carne de cañón. En las agudas reflexiones de Ferdinand Bardamu, una especie de heterónimo de Céline, advierte lo que la guerra es para el hombre cotidiano, la manipulación de los poderosos y la absurda pasión nacionalista que arrastra a la humanidad a acciones sin sentido. Muchos de ellos cayeron heridos y acentuaron su espíritu antimilitarista o antisistema.


Caligrama por la Guerra. Apollinaire.

Pero no solo Francia mandó al frente a su intelectualidad. La campaña de adormecimiento civil acalló a las mentes pacifistas y predominó el espíritu bélico. Gran Bretaña envía a poetas o hijos de grandes pensadores. El poeta Robert Graves sobrevive a la batalla de Loos, pero el hijo de Rudyard Kipling, John morirá en combate, como le sucedió a la joven promesa Rupert Brooke. Coincidencias de la vida: el famoso poema If fue dedicado especialmente por Kipling para su hijo. Los versos iniciales de este poema se volvieron premonitorios:
Si puedes conservar tu cabeza cuando todos los demás pierden la suya y te culpan por ello.  Kipling, un hombre que creía en la grandeza del imperio, que apostó por la misión salvadora de su nación y que había usado su influencia para apoyar a su hijo, miope y limitado para las órdenes, se vio con triste realidad de que su hijo varón había sido una víctima más de esta hecatombe humana. Su cuerpo jamás será hallado, pese a las gestiones de su desamparado padre. A pesar de todo, siguió apoyando la causa a través de los medios, como hicieron también Arthur Conan Doyle, H. G. Wells y Chesterton. Este último se prestó para reclutar a irlandeses, católicos, bajo el mando británico. Se estaba creando el odio contra los bárbaros teutones. Pero por el lado alemán, también su intelectualidad se ve envuelta en esta fiebre bélica. Dos grandes voces sobrevivientes, pacifistas a su manera, escriben notables novelas que conmoverán al mundo: Sin novedad en el frente (im Westens nichst neues) de Erich Maria Remarque y Tormentas de Acero (In Stahlgewitter) de Ernst Jünger. La segunda novela fascinó a muchas personas ligadas al nazismo, pero siempre se mostró independiente y sobrevivió como pudo a la locura nazi; mientras que la primera novela y su autor sacaron provecho al espíritu antibélico de postguerra y asentó en los Estados Unidos para vivir cómodamente su sueño americano gracias a las regalías obtenidas por la venta de los derechos de su novela al cine de Hollywood[xii].
Hubo personajes polémicos que ensalzaron la guerra, como el polémico Gabrielle D´Annunzio, poeta que con sus ideas no solo artísticas, sino políticas han de crear las bases de otra lacra que llevará a Europa a una segunda guerra mundial: el fascismo. Para este poeta, la Gran Guerra era una forma de galantería. Amaba su posición subteniente en la guerra. Pero por otro lado, otros literatos venidos de América describirán a esta como una acción incomprensible para el genio humano: Hemingway.
Este acontecimiento creó un nuevo mapa europeo y mundial por dos décadas. París se volvió una ciudad que recibía a todos los ciudadanos del mundo. Sin embargo, pronto se verá envuelta en problemas sociales, políticos y económicos. El gran crack capitalista del 29 en EEUU tocará las puertas de Europa y golpeará a las poblaciones más vulnerables. Vallejo acentúa su acercamiento al comunismo como lo hemos expuesto. Este movimiento atraía, cada vez más, a cientos de artistas e intelectuales, y Francia reaccionó. Vallejo fue expulsado por su afiliación comunista y por haber estado hasta tres veces en la Unión Soviética[xiii], producto de lo cual escribió el libro Rusia en 1931[xiv]. El París de esos años era un hervidero de creatividad e intelectualidad, como también lo era Berlín. Ambas ciudades, capitales de naciones que habían vertido mucha sangre de su juventud trataban de recuperar. Pero la sombra de la inestabilidad social, la increíble inflación alemana, el surgimiento de movimientos comunistas por diversos países tendrán en zozobra a las inestables naciones. Su compromiso e identificación ideológica se van a acentuar durante las visitas a España, nación que estaba atravesando una crisis por la declaración de la Segunda República hasta el estallido de la guerra civil. Durante cinco años esta joven república quería modernizar y, como dice Georgette Vallejo, nuestro poeta que tenía dudas sobre su militancia debido a los ecos estalinistas que hacían cuestionar su pensamiento ideológico para asumir con dinamismo su militancia marxista incondicional. Era un hombre de su época[xv].
Espero que estos datos, genéricos aún, nos sirvan para entender más su producción literaria, sea en verso como en prosa. El acercamiento a diversos intelectuales en París o en sus visitas a España o Unión Soviética, herederos de este mundo posbélico moldearon, quizá, parte de su obra que nos sigue deslumbrando.

Muchas gracias


Gerardo Cailloma Navarrete (Piura, 1957).- Es Licenciado en Lingüística de la Facultad de Lengua y Literatura de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha laborado en centros educativos y universidades en Perú, Israel y Dinamarca. Desde el 2002 viene organizando ciclos de Cine en la UPN y Alianza Francesa. Su actividad como corista lo llevó a integrar el coro PUCP, GAUDEAMUS, CARMINA NOVA, y fue organizador de la visita del Coro Sine Nomine a Alemania (2004). Articulis8ta en diversas publicaciones como el Diario La Industria, Boletín Informativo BACKUS, entre otros. Políglota: Habla francés, Inglés, Italiano, Alemán. Ha sido Presidente de la Alianza Francesa de Trujillo desde el 2009, año en que recibe su máxima distinción: Palmas Académicas en la Orden de Caballero otorgada por el Gobierno de Francia. Actualmente es Director Nacional del Dpto. de Humanidades de la Universidad Privada del Norte.





[i], Ricardo Silva-Santisteban (1997) César Vallejo, Poesía Completa. Tomo 1, PUCP, Lima.
Georgette Vallejo (2012)  Allá Ellos, Allá Ellos, Allá Ellos,  UAP, Lima.
[ii] José  Carlos Mariátegui (2005) 7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana, Biblioteca Amauta, edición 71, Lima.
[iii] Jorge Puccinelli (2002) Artículos y crónicas completos, PUCP, Lima.
[iv] José  Carlos Mariátegui (1978) El artista y la época, Biblioteca Amauta, edición 6, Lima.
[v]  George Lambie (Enero 2011-diciembre 2012) El pensamiento político de Vallejo, revista Norte, Instituto de Estudios Vallejianos, Universidad Nacional de Trujillo, No 17-18, Trujillo.
[vi] José  Carlos Mariátegui (1978) El artista y la época, Biblioteca Amauta, edición 6, Lima.
[vii] Pior Sztompka. Sociología del cambio social, Alianza Editorial, Madrid.
[viii] David Shermer (2004) World War I. Chancellor Press, Londres.
[ix]  David Shermer (2004) World War I. Chancellor Press, Londres.
[x] Greg Dawes (2008). Neruda y Vallejo ante la vanguardia, Nerudiana, Fundación Pablo Neruda, Santiago de Chile.
[xi] Le Figaro (junio 2013) Ceux de 14, les écrivans dans la Grand Guerre, Hors-série. París.
[xii] Jean-Louis Thiérot (2013) Vent de l´est. Ceux de 14, les écrivans dans la Grand Guerre, Le Figaro, Hors-série. París.
[xiii] Georgette Vallejo (2012)  Allá Ellos, Allá Ellos, Allá Ellos,  UAP, Lima.
[xiv] Alejandro Bruzual (2006) Los viajes de César Vallejo a la Unión Soviética: La dialéctica del vaso de agua. University of Pittsburgh, Vol. 4, No. 1, Otoño 2006, 23-39.
[xv] Georgette Vallejo (abril-diciembre 1999), Apuntes biográficos sobre “Poemas en prosa” y “Poemas humanos”, Norte, Instituto de Estudios Vallejianos, Universidad Nacional de Trujillo.



El 16 de marzo de 2014 celebramos 122 años del Natalicio del 
poeta peruano César Vallejo. 

Leerlo es comprenderlo, comprenderlo es quererlo, quererlo es honrarlo, honrarlo es ajusticiarlo.


Eternamente CÉSAR ABRAHAM VALLEJO MENDOZA 



(Santiago de Chuco, 1892 - París, 1938)




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